Llegó por fin el final de semana esperado, unos años después. Mi esposa trabajaba y yo me quedaba en casa con ellas. Fue difícil para mí, la verdad; sentía deseos, ansiedad y nervios, pensando en cómo hacer para estar a solas con ella y acabar con mi duda.
Se me ocurrió decirle a mi hija menor que se bañara en su baño, que su hermana se bañara en el nuestro para salir más rápido al parque y jugar un rato, aunque le dije que no había problema si se demoraba como siempre.
Ella lo hizo, se fue a su baño, entonces le dije a mi hija mayor que se bañara en nuestro baño porque su hermanita estaba en el baño suyo, la ansiedad era cada vez mayor, no sabía que podría pasar cuando entrara al baño, solo espere a que entrara y luego entre al baño, por fortuna dejó la puerta abierta, no la había cerrado, entre suavemente para no hacer ruido, aunque con un poco de temor.
Quedé aturdido al verla desnuda, a través de la puerta de vidrio de la ducha pude ver lo hermosa que era, su cuerpecito delgado bien formado me dejó perplejo, sus senos ya empezaban a florecer como botones de una rosa, su cabello largo cubría su espalda llegando hasta su bella colita, su pubis empezaba a ser rodeado de un pequeño vello y se le notaba abultada su vaginita, tan solo la miraba, estaba como hipnotizado, se veía tan hermosa mi niña, tal vez pasaron varios segundos y ella se dio cuenta.
Papi, ¿qué haces?, No ves que me estoy bañando.
Te das cuenta de lo que pasa cuando no se toca la puerta si uno se está bañando.
Ella igual me veía, solo que llevó sus manos a sus pequeños senos y su bella vaginita, como queriendo esconder de mi mirada o tal vez sentía vergüenza de verse desnuda ante mí.
Quiero bañarme contigo, hija, y recordar cuando te bañabas conmigo.
No espere respuesta de ella, tan solo me quite la camisa y el pantalón de mi pijama quedando solo en mis bóxer, a pesar de mi ansiedad y nervios, me había excitado un poco viendo a mi pequeña y lamentablemente se me notaba, al mirarla nuevamente a sus ojos vi como ella dirigió su mirada a mis bóxer, era la misma mirada de aquella vez en el baño del hotel, se quedó un momento viéndome, entendí en ese momento que ella tenía curiosidad de saber algo y aproveche para preguntar nuevamente que si quería que me bañara con ella.
Subió sus hombros e hizo un gesto con su cara, como diciendo si quieres, no lo pensé, abrí la puerta de la ducha y me entré con ella, mi cuerpo estaba totalmente excitado, temblando por los nervios y la ansiedad que sentía.
Si te sientes incómoda por estar desnuda, puedes colocarte tu panty para que no tengas que cubrirte con tus manos.
Al decirle esto, ella quitó sus manos de sus senos y su vaginita como diciendo: quiero estar así.
Me sentía incómodo, no sabía qué más decirle, no puedo negar que verla cerca de mí me enloquecía, mi hermosa niña, desnuda, dejando ver toda su belleza y su inocente cuerpo.
Déjame enjabonarte un poco, le dije con mi voz temblorosa.
Tomé la esponja y empecé a enjabonarla, estaba estática y no decía nada, sentí que su cuerpo también temblaba, era algo mágico sentir su bello cuerpo, era tan hermosa mi niña.
Termine de enjabonar su cuerpo y con mis manos empecé a refregar su espalda suavemente, al contacto con su piel, sentí que no podía controlar mis emociones, desplace mis manos hasta llegar hasta su colita, ella seguía estática sin decir palabra alguna, no sabía si continuar o parar, pasaban tantas cosas por mi mente en ese momento, era mi hermosa y pequeña niña, temía que ella dijera que parara y saliera de la ducha enfadada conmigo, pero no paso, ella seguía ahí, la tome de sus hombros y la gire frente a mí, entonces mis manos se posaron en sus pequeños senos, redonditos, de piel suave y duritos, en ese momento recibí un fuerte corrientazo que despertó un deseo que nunca antes recuerdo haber sentido en mi vida, deseaba seguir sintiendo cada parte de su cuerpo, sentía un poco de temor que su hermana terminara de bañarse y viniera al cuarto nuestro o que ella al sentir que mis manos seguían tocando su bello cuerpo me dijera que parara, pero no paso así, no decía nada, seguí jabonando su cuerpo con mis manos para sentir cada parte de ella, su piel tan delicada al hacer contacto con la mía me enloquecía más, el deseo era cada vez más fuerte.
Sin pensarlo, me despojé de mi bóxer quedando desnudo frente a ella, estaba frente a mi hermosa niña, la niña que despertaba tanto deseo, era mágico lo que sentía en ese momento y quería sentir más.
Entonces tomé sus manos y las llevé hacia mi cuerpo.
Mirándola a sus ojos le dije:
Quiero que con tus manos tomes el jabón y me enjabones como yo lo hice, si tú quieres, mi niña hermosa.
Papi, dime por qué tu pene ahora está más grande que el día del hotel.
Quedé perplejo, ella recordaba cómo estaba mi pene ese día, no sabía qué responder, mi pequeña no estaba molesta, quería saber algo más.
Mi hermosa niña, tú eres la culpable de que mi pene esté así de grande, al ver por primera vez tu maravilloso cuerpo y sentirlo, despertaste un deseo incontrolable e inexplicable en mí.
Papi, dime por qué despierto eso en ti.
No sabía qué responder, me aturdí todo, no esperé algo así.
Mi niña hermosa, si me dices por qué deseabas verme desnudo, yo te digo, se me ocurrió decirle.
Papi, cuando entré al cuarto y vi la puerta abierta me dio curiosidad por verte, no sabía que estabas desnudo, pero cuando entré al baño me quedé viendo cómo te bañabas desnudo y pasé mucho tiempo viéndote porque me gustó cómo te veías, hasta que me viste.
Estaba en lo cierto, mi niña hermosa quería verme desnudo, ahora debía saber si ella quería hacer o saber algo más.
Mi niña hermosa, si quieres saber por qué despiertas tanto deseo en mí, enjabona mi cuerpo como yo hice contigo y podrás saberlo.
Continua «II»