Y se fue abriendo, despacio, y sonreía ahora sabiendo que cada segundo que pasaba iba aumentando mi deseo, ahora era ella la que mandaba sobre mí, la que se tomaba todo su tiempo para calentarme, la que se sabía dueña de la situación.
Empezó poco a poco, tenía una polla hermosa y muy gruesa y comenzó introduciéndole sólo la punta, moviéndola en círculos, haciéndole sufrir, haciéndole gemir como una gata en celo, hasta que al cabo de un rato estaba pidiéndole que se metiera hasta dentro.
Tu hermana es una chica preciosa. Mírala, está buenísima. No tiene por qué avergonzarse. ¡Me vas a decir que no te gustaría meterle mano a tu hermana! ¡Mónica! Bueno, Mónica, antes cuando nos estábamos bañando e intentaba sumergirme en el agua, mi hermano comenzó a sobarme las tetas, y me gustó mucho.
Siguió lamiendo mi coño y metió dos dedos en mi coño, y ya no pude más y exploté en un orgasmo increíble, pero yo quería más, quería notar esa polla dentro de mi coño, lo necesitaba.
Atrapo tus pezones entre mis dedos y enseguida se ponen erectos y muy duros, mmm...ahora soy yo quien lo dice separándome un poco de tu boca para poder respirar. Sigo besando y mordisqueando tu cuello y tus hombros mientras aun te cojo los pechos y estoy entretenida en tus grandes pezones, poniéndote con el tacto de mis manos.
Pararon un momento, pero inmediatamente se tumbaron las dos juntas y abiertas de piernas, ofreciéndome sus coñitos para que las penetrara.
De veras mami, se le notaba un coñito estupendo y las bragas hacían que se le pararan más sus nalguitas, tenía unas tetas no muy grandes pero bien conservadas para su edad y después de haber tenido 5 hijos eran muy buenas todavía.
Me lo follé, me lo follé sin piedad durante una hora, tal vez más, no permití que se librara de mí pese que nos corrimos varias veces, siempre en su culo, siempre en la alfombra, mientras mi madre seguía a nuestras espaldas, follando mi culo.
La primera vez se ha vertido en mis tetas, como la segunda y la tercera. A la cuarta quería un poco más de marcha pero le he dicho que solo boquita. En la quinta he tenido que tragarmelo todo porque si no, a este paso volvía empapada… No ha sido tan asqueroso como pensaba…
Fue entonces cuando levanté la cabeza y pude ver a Carmen que era ensartada por el culo y por el coño mientras se tragaba dos poyas a la vez que en cada embestida desaparecían para volver a verse de nuevo húmedas hasta la mismísima empuñadura.