Vamos, prepárate. Está la casa hecha un lío - le ordené. Pero no vengo preparada, yo pensé... Sí, Dolores, has venido perfecta. Quítate la blusa y la falda.
¿Ahora? Sí. Veo que traes medias, serán con liguero, como te pedí. Si, claro. Pues adelante. Empieza recogiendo el salón.
Y me aprieta, estira y retuerce las tetinas de mis senos, la mezcla de placer y dolor, el saberme tan usada, rompe la barrera de mi orgasmo y me lanzo a la gloría con un - ¡OOOHHH! - que me sale de lo más profundo de mi sexo mientras cabalgo al galope con su espada en mi coño.
¿Tienes pareja? Jajajjaaj nooo, no me interesa, vivo muy bien sola, así puedo hacer lo que quiero sin tener que dar explicaciones a nadie. ¿y tú, tienes que dar explicaciones?
Marina y Claudio, llevaban cuatro días y aunque era poco tiempo, Marina ya había bajado la guardia. El negro al que mordiera la polla se había encargado de doblegarla. Ahora con una buena polla en su culo entrando y saliendo con parsimonia, estaba dejando un gran charco a sus pies
¿Qué es eso del gloryhole? Un agujero glorioso jajajajja, es un agujero en una pared o tabique, usualmente practicado en los retretes de baños públicos o en video cabinas. por él, los hombres cuelgan sus pollas por si alguien estuviese interesada/o
El animal sacó su lengua y empezó a chupar. Subió por sus piernas hasta llegar a su sexo. Su lengua rugosa y áspera recorría el canal que había entre los labios del coño de la morena, recogiendo todos sus jugos. La morena se retorcía, el miedo le invadía.
Asentiste con la cabeza y me miraste con sorpresa, no sabías que iba a hacerte. Continué mi eterna y lenta caricia sobre tus pechos, tus pezones que me pedían ser apretados, pero no lo hice, y tú sexo. Subía por tu cuerpo para volver a bajar, tu sexo lloraba suplicando ser atendido y así lo hice.
Mi culo ardía, el muy cabrón, no había puesto ni lubricante, pero mi coño era una fuente. Empezaron un mete y saca balanceando mi cuerpo a su antojo
Justo en ese instante apareció María, estaba de nuevo arrebatadora, con un vestido negro muy pegado a su cuerpo, hasta los tobillos, que se estrechaba aún más a partir de la cintura, haciendo que se marcase su busto de una forma increíble, creo que más que nunca.
Por un lado, Silvia empezaba a cogerle gusto a eso de mandar, de sentirse poderosa, pero más si cabe, con una pareja que nunca lo había hecho de forma inversa. Ellos al mismo tiempo se excitaban más que nunca con ese juego. Los ojos vidriosos de la condesa así lo anunciaban.