Leche del padre para la hija y del hijo para la madre
La hija seduce a su padre y la madre a su hijo.
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0 racconti · México
David Chumacero Non ha pubblicato alcun racconto.
David Chumacero Non ha serie pubblicate.
La hija seduce a su padre y la madre a su hijo.
Maira era una mujer muy religiosa, una beata, media santa para sus conocidos. Tenía 36 años, era morena, de estatura mediana y tenía buenas tetas y precioso culo.
Eva es una muchacha adelantada a su tiempo. Vive en una aldea y le gustan las chicas, pero se cruza su primo en el camino, y acaba comiendo las pollas a pares.
Estuvimos varios minutos abotonados, no se cuantos, cuando de pronto, sin aviso, un chorro de agua fría congeló mi cuerpo y el de Marte: era Carlos echándonos baldes de agua. ¡Despéguense perros! - gritó entre risas Carlos.
Esperé unos instantes, volvió a entrar, del primer cajón de la cómoda sacó ropa interior, y que susto me llevé cuando se dirigió al ropero a buscar la toalla, porque abrió la puerta de al lado del ropero y tomo una.
Y como mucho de ustedes sabrán, estas jaurías de perros son peligrosas, así que llamé a un policía, de esos que se encuentran en la vigilancia de los paseos públicos, para que me ayudara a recuperar a mi Belfort, que afortunadamente no había peleado, pienso que debido a su buen tamaño.
Diana se puso boca arriba y Jorge le lamió la concha hasta hacerla acabar como una yegua. La lengua de Jorge se metía entre sus labios vaginales, le mamaban su clítoris, y los jugos afloraban como agua de manantial. Los gemidos y gritos de placer llenaban la habitación, al tiempo que Jorge se tomaba sus jugos.
Continuación de "Desvirgada por mi perro", ahora por su dulce y virginal culo.
No podía quedarme viendo como una tarada como los perros cogían, seguí al supermercado y cuando regreso, me encuentro que los perros que antes estaban cogiendo, se quedaron pegados culo con culo.
En un primer momento me asusté, pero abro despacio la puerta, y pude ver a escondidas que mi hijo menor, Néstor, se estaba masturbando. La escena me produjo un morbo increíble, por lo que me quedé escondida mirando como mi hijo se satisfacía sexualmente. Observé como con su mano sostenía un respetable miembro al que sacudía con cierta violencia, sentado en el borde del inodoro, con sus ojos cerrados apuntando al techo.
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