Ser hermanos mellizos con una preciosa princesa, pero separados por circunstancias del destino, nos hizo entender que somos unidos desde el vientre de nuestra madre y seguiremos unidos por el inmenso amor que nos tenemos, y que traspasa las fronteras de los parámetros de un sociedad retrógrada.
Quiero contarles como una situación inesperada se convirtió en unas maravillosas noches de sexo puro y delicioso con el hombre que más llegué a detestar en mi vida, mi propio hermano.
Quiero contarles cómo me ganó la curiosidad y terminé teniendo una de mis mejores sesiones de sexo con un hermoso lobo siberiano, Robín, mi amor peludo...
Traspasando la delgada línea entre la desazón por el pecado, al disfrute sin remordimientos.
De cómo mis gemelas me cntaron todo lo que sucedía entre mi hijo mayor y mi esposa.