Mi hermana, su hija, nuestra puta

Mi hermana, su hija, nuestra puta

La vida, tal y como yo la recuerdo, era perfectamente normal.

Mi madre había muerto siendo yo muy niño y casi no la recordaba.

Mi hermana mayor había tomado su lugar desde que yo tenía memoria.

Yo tenía por entonces catorce años y ella veintiséis.

La familia se completaba con nuestro padre, que ya por aquel entonces pasaría sobradamente de los veinticinco.

Era un hombre severo, y bastante distante, con el que nunca tuve mucha relación.

Era sobre todo una imagen fija, permanente, al modo de los muebles y de la televisión, que uno esperaba encontrarse siempre, pero no verla hablar de nada que tuviera importancia.

Mi relación con mi hermana había sido la de tenerla siempre en el lugar de la madre perdida, pero lo cierto es que ella no era mi madre.

Era una chica joven, extraordinariamente atractiva, y que mantenía una actitud completamente natural conmigo.

Ella tenía la piel blanca, muy pálida, con unos ojos verdes inmensos, lo que se veía resaltado por que era pelirroja natural.

Era una chica muy delgada, con un culito perfecto y minúsculo, pero con unos pechos enormes y desbordantes, que siempre iba marcando, no por gusto, si no por que todas las tallas le quedaban pequeñas.

Yo estaba empezando a experimentar muchas cosas, y casi todas relacionadas con el sexo. Y me daba cuenta de que las atenciones de mi hermana conmigo tenían un efecto que iba más allá del amor fraterno.

Cada vez apreciaba más sus besos, el contacto con su fresca piel, con la generosa blandura de su pecho.

Mis amigos no paraban de hablar de sexo, y yo lo experimentaba todo, cada día, y hacía ella. Para mi aquella atracción jamás tuvo nada de morboso, puesto que la experimenté desde el primer día, y fué ella, desde siempre, la única mujer para mí.

Su instinto maternal estaba completamente desbordado hacía mí, y seguía tratándome como un crío pequeño por que tal vez tratase de compensarme de la falta de nuestra verdadera madre. Pero todo aquello solo podía dar alas a mi deseo.

Pero aún así era insuficiente para justificar mi súbita y devoradora pasión por estar a su lado. Pero ella no le daba importancia, aunque lo notaba.

Yo siempre la espiaba, trataba de introducirme en el cuarto de baño mientras ella estaba dentro, anhelaba por encima de todo su cuerpo desnudo… Pero no conseguía nada.

De todos modos estaba confundido y perdido con todo esto. Una noche, mientras soñaba con mi hermana-madre, unos ruidos en el salon me despertaron.

Salí a investigar y lo que ví me dejó de piedra. Allí, apoyada en el aparador, y completamente desnuda, estaba mi hermano, mientras que un hombre estaba detrás de ella empujándola con violencia, golpeándola con su vientre contra su culo.

Me moví estratégicamente, y me fijé en que aquel hombre tenía una polla como la mía solo que enorme, y que no paraba de entrar y salir del pajarito de mi hermana. Tenía datos y teorías, pero así fue como descubrí que es el sexo.

Mi hermana estaba apoyada en el aparador, totalmente desnuda mientras que el estaba vestido. Solo apoyaba sus manos, así que sus enormes tetas se bamboleaban a cada embestida de su novio ( eso supuse), se agitaban con un ritmo cada vez más enloquecido.

Desde donde yo estaba me era imposible ver al chico, pero la veía perfectamente a ella, y me excité tanto que no pude evitar sacarme la polla y empezar a menearmela como me habían aconsejado mis amigos.

Aquel tío seguía empujando contra el culito de mi hermana, mientras que su enorme polla no dejaba de entrar y salir de su coñito depilado.

En un momento, mi hermana dejó de apoyarse sólo con las manos para reposar todo su cuerpo sobre el aparador, y al cambiar de posición me descubrió instantáneamente.

Me sentí fatal, pero aquello me excitaba demasiado como para dejarlo, así que continué, mientras mi hermana me miraba con sorpresa, y luego con una extraña impasibilidad mientras se chupaba los labios. Acabé corriéndome, y no soportando la vergüenza que me inundó tras mi insana satisfacción corrí a esconderme en mi habitación.

Pero al día siguiente, recuperado de mi súbito arrepentimiento, me sentía excitado de nuevo, y no podía dejar de pensar en lo que había visto.

Mi hermana estaba en la cocina planchando, por que siempre se levantaba muy temprano para arreglar la casa antes de irse a trabajar.

Al verla allí de espaldas no pude evitarlo, y tomándola por la cintura empecé a empujar con mi polla contra su culo. Instantáneamente ella se dió la vuelta y me arreó un guantazo increible. La primera vez que me pegaba en toda mi vida. Salí corriendo y llorando y me refugié en mi habitación, pero ella llegó al instante detrás de mí.

– ¿ Se puede saber qué hacías?.-

Y yo no supe contestar, solo llorar.

– ¿ Es por lo de ayer, no te bastó que te dejase mirar que encima quieres probar tú también?.-

Y entonces sí que me ahogué en mis propias lágrimas, casi no podía ni respirar.

– Vale, vale, ya pasó, ya pasó.-

Y me abrazó, y yo atropelladamente le dije lo que sentía por ella.

– Yo te quiero Angelica, tú no necesitas un novio, ya me tienes a mí.-

Ella se rió y siguió acariciándome.

– Pero bueno, ¿ es que tu también quieres hacerlo conmigo?.-

Yo solo sabía llorar, pero asentí fuertemente con la cabeza.

– Si solo tenías que pedirlo cariño, pero pedirlo, no intentar violarme.-

Y se quitó la bata que llevaba y después la camiseta, dejando a mi vista aquellos pechos inmensos.

Sus pezones eran rosados, pero erguidos, punzantes, orgullosos. Nada más verlo me tiré sobre ellos y empecé a chupetearlos con fuerza.

– Cuidado mi vida, cuidado, despacito… asi, asi, despacito. Mmmmmmmmmmmmmmmm. mmmmmmmmmm.-

Y yo seguía chupando, con cuidado, pero con más placer del que podía soñar.

– Así cielo, así, mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm.-

Y esos gemidos me volvían loco.

– ¿ Ves?, Si tu hermanita te lo da todo, pero pidiendolo con educación no cogiéndolo por tu cuenta, ahora no debería dejar que me la metieras, por no haberlo pedido por favor.-

Casi me muero de miedo.

– Perdón angelica, perdon, perdon por favor.-

Ella sonrió.

– Esta bien, pero solo por que veo que estas arrepentido.-

Y se quitó también la minifalda. Yo me desnudé rápidamente, pero mi pollita aún no estaba tiesa. Yo la mire y me morí de vergüenza. Ella sonrió como la madre comprensiva que era.

– No pasa nada, no pasa nada cariño, esto lo arreglo yo.-

Y echándose el pelo hacia atras engulló mi polla flácida con su boca de labios finos y lengua juguetona. Creí tocar el cielo cuando aquella boca engulló mi polla.

Ella la recorría con los labios y la lengua con cuidado infinito, y sin más se me puso mas dura de lo que podría haber soñado.

– Hala, ya está- dijo sacandosela de la boca- ya puedes metermela.-

Pero me resultó imposible, así que ella misma me la metió.

Al hundirme en ella, en su vagina lubricada y acogedora, creí que me moría.

El placer era inmenso. Yo no podía pensar que fuese así, mi sorpresa era tanta que me quedé quieto disfrutando de aquello, hasta que ella me dijo lo que tenía que hacer, y empecé a imitar a mi manera lo que había visto la noche antes.

La metía y la sacaba, al ppo me costaba, no por que ella no hubiese lubricado de sobra, si no por que no tenía costumbre, pero le cogí el truco y pronto estuve corriendo con mi leche acuosa dentro de la vagina de mi hermana.

Empecé a abrazarla y a besarla por todas partes.

– Te quiero Angelica, te quiero, te quiero. Tienes que dejar a tu novio, dejalo Angelica, tú tienes que ser mi novia.-

Ella reía y respondía a mis besos.

– ¿ Mi novio?. ¿ No sabes quien era?.-

– No le vi la cara.-

Su rostro se llenó de sorpresa.

– ¡ Anda la hostia!. ¿ De verdad no viste quien era?.-

– No- Respondí lleno de naturalidad.

– ¿ Entonces por que has intentado follarme?.-

– Por que te quiero, ya te lo he dicho.-

Ella rió con ganas y me beso, me beso con mucha más pasión e intensidad.

– Yo tb te quiero cariño, y ahora muchísimo más porque me doy cuenta de que te gusto de verdad.

¿ Me harás un favor?.-

– Lo que quieras, lo que quieras.-

– Esta noche, quiero que estés atento, y cuando vuelvas a oir ruidos, vente a ver con cuidadito y fijate bien en quien esta conmigo, ¿lo harás?.-

– Sí- respondí sin pensar.

Ni siquiera estaba extrañado. Aquella noche, más o menos a la misma hora, empecé a oír los mismos ruidos.

Me asomé con mucho cuidado, y la ví de nuevo allí, preciosa, follando con aquel tío.

El estaba de espaldas y ella debajo, y el empujaba con violencia como yo había empujado aquella mañana.

Ella me vió y le pidió a su novio que cambian de postura, y que le dejase ponerse encima. El emitió un gruñido imperceptible, y así lo hicieron.

Creí que la sangre se me congelaba en las venas, por que el novio de mi hermana, el hombre que se la estaba follando, que se la había follado la noche antes, no era otro que mi propio padre.

¡Mi padre!. ¡ Nuestro padre!. De alguna manera su pecado me pareció mayor que el mío, y volví espantado a mi habitación.

Al día siguiente ella llegó a despertarme, seguro que azuzada por la curiosidad. Yo solo tenía una pregunta. ¿ Por qué?.

Ella se encogió de hombros.

– Mira, tu eras muy pequeño, pero cuando un par de meses después de morir mamá, papá me llevó a su cuarto una noche y me hizo sentarme en sus rodillas aunque yo ya no era ninguna niña. Me explicó que ahora que mamá había muerto, yo era la mujer de la casa y que tendría que asumir ciertas responsabilidades. Yo le dije que lo comprendía.

El me dijo que él estaba solo, y que yo tendría que hacerle compañía. Yo le dije que era lógico que pensase así y que lo haría. Entonces empezó a sobarme, yo le dije que qué estaba haciendo, y él me dijo que yo era la mujer y el el hombre. Me dió muchisimo asco. Pero el me razonó la situación.

No quería meter a otra mujer en casa, pero tenía sus necesidades.

Para mí solo sería un momentito de vez en cuando, por que yo era tan bonita y le excitaba tanto que no tardaría nunca demasiado.

Sabía que yo me lo montaba con mis novios desde muy joven, y no lo veía mal, pero yo tenía que comprender que no había ningún motivo para que le negase a su padre lo que le regalaba a unos desconocidos.

Si aceptaba todos seriamos mas felices, y él no me negaría nunca nada.

No se, puede parecer raro, pero por como lo contaba me pareció muy lógico, el pobre me daba mucha penita, y además era la primera vez que lo veía tan cariñoso y amable conmigo. No sé, creo que ni me lo pensé. Así que acepté.

Él me desnudó como si fuera una muñeca, y me sorprendió que al metermela yo ya estuviese totalmente lubricada.

No sé, creo que me excitó mucho. El es un hombre muy fuerte y grande, y tiene una polla muy grande.

Me resultó raro. Era mi padre, pero por otra parte follaba como cualquiera.

No le dí la mayor importancia.

El parecía disfrutar tanto, y yo le hacía un favor.

Y hasta ahora.

Es como un ejercicio un poco desagradable, y él disfruta tanto que no se como decirle que ya basta.-

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