Mi comadre III

Para el tercer encuentro que he tenido con mi adorada comadre paso todo un mes, pues por más esfuerzos que hice por verla y cogérmela, no me fue posible.

Mis viajes y deberes de trabajo me absorbieron mucho tiempo y cuando volvía a la ciudad, pues no encontraba la manera de ver a mi comadrita, ya que ella no trabaja los sábados ni los domingos y por consiguiente no la podía contactar.

Tuve un par de días en la ciudad, así que pase al empleo de mi comadre y ahí estaba una de sus hermanas que no se parece nada a ella, pues la hermana es gorda y sin forma.

Sin embargo al estar allí empecé a platicar y la hermana no se largaba; mi comadre muy serena contestaba y preguntaba cosas sin importancia y con cierta indiferencia, pero en un momento que ambos notamos que la hermana no se retiraría pronto, mi comadre comenzó a hacerme señas con los ojos y a hablar en clave.

Dijo que en la tarde mi ahijado no tendría clase de música, pero que le autorizaría ir donde su amigo Esteban a jugar, e hizo énfasis: «de las cinco a la siete, para que tenga tiempo de divertirse» y me miro con coquetería.

Con eso comprendí que tendríamos dos buenas horas para disfrutarnos y cogernos como perros. Su hermana ni por enterada, así que me despedí de la gorda hermana y a mi comadre le bese la mejilla diciéndole: «hasta pronto comadrita, a ver qué día de estos vengo de nuevo a visitarla» y me marche soñando despierto lo que me esperaba en cosa de siete horas.

Llegue a casa de mi comadre quince minutos antes de las cinco, pues ya ansiaba tenerla conmigo y disfrutarla, y pensaba que mi ahijado ya se había marchado, pero no, pues al llamar a la puerta él me abrió.

Lo salude y platique un poco de la escuela y cosas así, mi comadre estaba en el quicio de la puerta de la cocina y me veía con su cara de chiquilla, pero cuerpo de mujer. Vestía un jumper de mezclilla (o sea una especie de vestido pero que termina en peto y tirantes) y una blusa blanca de algodón sin mangas.

Faltaban seis minutos para las cinco y mi comadre mandó a su hijo que se cepillara los dientes antes de marcharse, entonces el pequeño se fue al baño y yo me acerque a mi comadrita y comencé a besarle la boca, los pechos, la frente y le tocaba las nalgas y piernas, pero ella entre risas apagadas me decía que me esperara, pues aún estaba su hijo. Sin embargo notaba como ella se estaba calentando con esa emoción de estar siendo manoseada a unos pasos de mi ahijado.

En un instante alcancé sus panties y ¡se los baje en la entrada de la cocina! Quedaron debajo de las rodillas y al tratar de sacarlos por completo entre los dos, se le salió un zapato, pero ya salía el pequeño del baño y solo atinó a arrojar su calzón tras el frigorífico y acomodarse el zapato. Solo dijo: «ay compadre, nos va a ver», pero en lo que se acicalaba mi ahijado, yo me pare detrás de ella y pase una mano al frente para acariciarle su hermosa y peluda panocha que estaba casi seca, pero al contacto de mis dedos comenzó a fluir líquido viscoso. Seguí acariciando y oprimiendo su clítoris que ya se paraba cuando mi ahijado me llamó desde su habitación para que viera su colección de estampas de futbolistas, así que deje a mi comadre y fui donde mi ahijado.

Entonces me di cuenta que mi comadre se introdujo su mano bajo el jumper y se comenzó a masturbar; tomó una posición en que pudiera vernos, para cuidar que no la descubriese su hijo haciéndose la paja, pero quedaba de frente a mí.

Se restregaba esa pepa peluda y ya mojada con calma y entre cerraba los ojos como si entrara en trance, pero luego de estar así cosa de dos minutos, levantó y apoyó una pierna en una saliente de un mueble de la cocina y siguió con su frenética paja que hacía que se moviera con más rapidez.

Yo ya quería que se marchara su hijo, pero a la vez me agradaba la idea de disfrutar el espectáculo que me ofrecía mi comadre.

Ella tenía la mano derecha bajo su jumper y con la izquierda se apoyaba del marco de la puerta, pero era ya tanta su calentura y se notaba que estaba por explotar en un orgasmo, que me miró con ojos de celo, abría la boca y sacaba la lengua; se levantó el jumper para que pudiera yo ver cómo se consolaba.

Claro que esto a ella también le encendía más, pues se veía lo mucho que disfrutaba masturbándose delante de mí y a espaldas de mi ahijado(al que yo le hablaba y tenía toda su atención para que no volteara la cara). Mi comadre levantó más su pierna y se recargó contra el marco de la puerta y con las dos manos se consolaba restregando y apretando su coño, en especial su botoncito que no dejaba descansar.

Llegó a su orgasmo y suspiró tan fuerte que mi ahijado volteó pero mi comadrita ya había liberado su jumper y él de nada se percató.

Después de esto, ella apuro a su hijo para que se marchara, pues ya eran las cinco con quince minutos y le dijo que lo quería puntual a las siete. «bueno, siete y media para que juegues a gusto» le dijo y el chico se marchó despidiéndose de mi diciendo: «adiós padrino, vuelve pronto, te dejo con mi mama y te la encargo mucho». Si él supiera cómo me había encargado de ella.

Apenas cerró la puerta, se abrazó de mi cuello y me besó frenéticamente, introducía su lengua y restregaba sus hermosas tetas contra mi pecho. Yo ya le había afianzado de las nalgas y se las estrujaba y acariciaba como loco picando su ano que se sentía calientísimo.

Sin soltarnos ni dejarnos de besar mi comadre me guio a su dormitorio; al llegar al borde de la cama me empujó y se echó sobre mi diciendo: «¿te gusto ver cómo me masturbaba, como me consolaba?» y yo le decía con el pene ya parado que sí, que me encanto verla en acción a lo que me dijo: «solo así he estado desde que se largó aquél, pero contigo ya tengo un consuelo real, aunque también me gusta consentirme sola, creo que ya conoces mi temperamento que no se enfría».

Se fue a sacarme mi pantalón y comenzó a mamarme la verga con tantas ganas que las cremas amenazaban con salirse y le dije a ella que se esperara, pero me contesto: «quiero que me eches tu semen, me lo quiero comer, las dos anteriores veces no he comido semen, no te detengas mi amor, sácalos y arrójamelos que no voy a desperdiciar nada. Además es temprano y yo me encargo de que se te pare rápido otra vez».

Con estas frases ya no pude más y cuando ya sentía que descargaba toda la crema le hice señas con la cabeza de que ya venía y ella me excitaba más con sus palabras: «ya te vas a venir mi rey, échame todos tus mocos, todas tus cremas para que me los coma» y descargué tanta leche que me dolieron los testículos pero mi comadre jadeaba al lamer y succionar todo ese chorro de leche caliente y siguió lamiendo y limpiando con su boca hasta que la verga se hizo pequeña y pidió un rato de reposo para volver a templarse y meterse en la pepa de mi comadrita.

Después de un rato comenzamos a excitarnos y tocarnos todo. Mi pene reacciono y como sabéis el segundo dura más que el primero sabiendo cuidar de no correrse, así que me la cogí acostados, de pie, en cuatro patas, con las piernas en los hombros, sentados de frente, sentados ella dándome la espalda, ella cabalgando sobre mí, en fin. Hasta que volví a escupirle

Un chorro de crema ardiente. Ya no tan abundante, la tenía con las nalgas en el borde de la cama y sus piernas en mis hombros, yo de pie o mejor dicho inclinado sobre ella metiendo hasta el fondo mi pene mirando sus hermosos melones son sus respectivos pezones rojos perfectamente parados.

Esto hizo que me vaciara del semen y ella también desfalleció.

Al despedirnos como siempre, me dijo que no me presionaría con nada ni me obligaría a nada, pero con una voz melosa comento: «solo te pido que no me dejes de atender, pues, aunque disfruto de masturbarme, mi coñito te necesita tanto».

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