Diario de vida VI: Soledad 1

Las cosas empiezan a precipitarse en este torbellino de sexo filial que mi tío relata en su diario de vida, al cual tuve acceso en forma inesperada después de su fallecimiento.

Como si estuviera en una espiral de deseos, mi tío sólo piensa en satisfacer sus instintos con su madre, no importándole ninguna barrera de tipo moral.

Incluso aprovecha la circunstancia de saberla insatisfecha sexualmente desde quedó viuda, lo que la pone en una situación de debilidad frente a este muchacho empeñado en poseerla.

Este despertar sexual de mi tío ha sido extraordinario, por decir lo menos: ya hizo suyas a sus cuatro hermanas, a la tía y a la empleada de la casa, en tanto le ha puesto el ojo encima a su madre.

Y como si se tratara de obtener el premio mayor en esta carrera de meter y sacar, ahora quiere acostarse con mi abuela.

Pero las cosas no siempre son lo que parecen ser, por lo que les sugiero leer este diario hasta el final, en que les esperan grandes sorpresas.

Me encontraba en un mar de sensaciones encontradas. Lo que vi esa mañana iba mucho más allá de todas mis fantasías, pero nada podía hacer, pues se suponía que ignoraba que mi madre me espió mientras estaba empalando a Claudina en la cocina.

Toda duda respecto de sus intenciones habían quedado respondidas cuando la vi a través del espejo introduciendo su mano en el interior de su falda para alcanzar su calzón y masajear frenéticamente su sexo hasta alcanzar el orgasmo, mientras yo la excitaba metiendo mi verga a la muchacha de la casa, dejando a su vista mi palo que entraba y salía de la gruta de la morena.

Recordaba esa mañana en que la vi masturbarse mirando al caballo y la yegua copular o cuando creí que me espiaba mientras me masturbaba en el baño o esa oportunidad en la cocina en que me mostró su cuerpo a contraluz.

Si bien todas estas ocasiones fueron excitantes, fui un mero espectador que no pudo hacer nada pues si hubiese insinuado mis intenciones podría haber armado un escándalo si todo lo sucedido hubieran sido solamente ideas mías, ya que mi madre hubiera reaccionado airada, lo que parecía lo mas lógico.

Pero hoy la cosa era diferente, no tenía dudas de que ella me había visto como hombre y eso le había excitado, al punto de masturbarse viéndome meterle mi verga a otra mujer y estoy seguro que el motivo de su reacción fue el ver mi herramienta en todo su grosor y longitud.

Era mi verga la que le había hecho acabar, de eso estaba seguro. Y para comprobar mi pensamiento imaginé que no podía dejar pasar esta oportunidad y que tenía que hacer algo esa misma noche para saber en qué terreno estaba pisando.

Durante todo el día mi madre actuó naturalmente conmigo, como si nada hubiera sucedido, aunque noté en ella un ligero temblor en sus manos cuando me pasaba algo o que rehuía mi mirada cuando me dirigía la palabra.

Llegada la noche, antes de retirarme a dormir le dije que sentía algo de fiebre, a lo que ella procedió a ponerme la mano en la frente y dijo que tal vez fuera necesario que ponerme unas compresas. Me fui a acostar no sin antes tomarme la frente y comprobar que no estaba caliente, lo que me hizo pensar que mis planes empezaban a cumplirse a mi gusto.

Cuando ya todos dormían, entro mi madre a mi pieza con un lavatorio con agua helada y unos paños flotando, mientras yo me hacía el dormido. «bueno, veamos qué podemos hacer para bajarte la fiebre» dijo y me puso un paño mojado en la frente. «ahora, pondremos otro en tu estómago» dijo y sacó la sabana dejándome cubierto solamente con mi pijama.

Como estaba con un paño en la frente, nada podía ver ni hacer. Mi madre bajó el pantalón del pijama y puso un paño mojado sobre mi estómago.

Al acomodarlo sentí como si uno de sus dedos hubiera rozado mi instrumento, pero pensé que podría haber sido casual, pero igualmente sentí que me excitaba.

Al cabo de un rato, al dar vuelta el paño sobre mi estómago, nuevamente uno de sus dedos toco mi herramienta, ya más erguida, lo que ya no me pareció tan casual. Pensé que si seguía el jueguito de la fiebre, podría obtener algo sabroso de todo esto y empecé a moverme con los ojos cerrados y quejándome como si estuviera con una fiebre alta.

Entonces ella cambio el paño sobre mi frente y al hacer lo mismo con el que había en mi estómago se encontró con mi palo completamente parado, apuntando hacia arriba como un hasta de bandera.

Entonces sentí que su dedo me rozaba la verga, recorriéndola de arriba a abajo, suavemente. Eso fue demasiado para mí y empecé a moverme como si estuviera penetrando un coño imaginario. Mi madre rodeo mi palo con toda su mano y empezó a pajearme suavemente, moviendo la cubierta de mi verga de la cabeza hasta casi llegar a mis bolas.

Entonces acabé en un torrente de semen que salió disparado sin control. Ella retiró rápidamente su mano de mi verga, sacó los paños que me había puesto, me tapó y se retiró en silencio, como para no despertarme.

Me quedé en un estado de excitación extremo, pensando en la mano de mi madre masajeando mi instrumento. Imaginaba que ella se estaría en su dormitorio masturbándose pensando en lo sucedido en mi cama, ya que estaba seguro de que la situación vivida debió excitarla al extremo y me parecía verla con las piernas abiertas y su mano entre sus muslos, metiendo y sacando su dedo de su sexo, tratando de obtener alivio a su calentura.

Esto fue demasiado fuerte para mí y sin siquiera pensarlo, me levanté rápidamente y me fui desnudo a su dormitorio, al que entré sigilosamente, con mi herramienta completamente erguida, dispuesta al combate.

Y ahí estaba ella, en medio de su cama, de espaldas, con las piernas semi levantadas y moviéndose debajo de la sabana, con los ojos cerrados y una de sus manos sobando sus senos mientras la otra se movía frenética entre sus muslos.

De pronto abrió los ojos y me vio parado al pie de la cama, desnudo y con mi verga completamente parada. Dejó su movimiento y se quedó mirándome sin decir nada, con la boca semi abierta de deseo, respirando entrecortadamente, tanto por la masturbación que estaba haciéndose como por la excitación de lo que sabía estaba por suceder entre los dos.

Me subí a la cama por un costado y me puse a su lado, levantando las sabanas. Entonces por primera vez la vi completamente desnuda, con sus manos cubriendo sus senos y sus piernas abiertas y semi levantadas.

Me subí sobre ella y le puse mi verga a la entrada de su gruta y me quedé ahí, como esperando una reacción de parte suya.

«¿que estás haciendo?» dijo mirándome fijamente, pero sin dar señales de rechazo. Yo nada respondí, pero me dí cuenta que su sexo se movía suavemente, casi imperceptiblemente sobre la cabeza de mi verga, en un movimiento rotatorio que le hizo aumentar de volumen más aún de lo que estaba.

«no, no puede ser, ándate» me repitió con sus ojos y boca bien abiertos, mientras los labios de su sexo rozaban mi verga, invitándome a entrar. Yo continuaba con mi palo puesto a la entrada de su gruta, sin atreverme a enterrársela, mientras ella me repetía «no, no está bien, no puedes hacerlo», pero continuaba con su movimiento pelviano que decía todo lo contrario.

Entonces comprendí: mi madre quería dejar a salvo su buen nombre ante mí, para que yo apareciera como violándola y así quedar con la conciencia tranquila, pero invitándome al mismo tiempo con el movimiento de su sexo sobre mi verga a que la penetrara. Entendí perfectamente la situación y decidí adoptar el papel de violador en este incesto y sin más le hundí mi verga hasta la mitad.

«no, no por favor, ¿qué haces? No, no»

Dijo ella mientras subía los pies, los pasaba sobre mi espalda y empujaba de manera que mi instrumento se enterrara completamente en su interior… No fue más que mi herramienta la penetrara y ella acabo al instante, llenándome con sus jugos, entre grititos apagados de «nnoooo, noooo».

Pero aunque había llegado al orgasmo no bajó sus pies y siguió espoleándome para que la galopara , cosa que hice de muy buen grado, logrando que volviera a acabar otras tres veces, siempre en medio de gritos de «noooo, nooooo, por favor, noooo». Sus acabadas fueron cortitas pero intensas, como si estuviera poniéndose al día de todo el tiempo que llevaba de abstinencia sexual.

Como viera que ella ya llevaba cuatro acabadas, decidí que había llegado mi momento y me dediqué a moverme frenéticamente para lograr mi orgasmo, hundiendo y sacando mi palo repetidamente de su vulva, mientras ella se dejaba penetrar.

Me daba la impresión que me dejaba toda la iniciativa como para sentir que había un macho que le estaba haciendo el amor brutal, fieramente, como ella quería y que no era ella la única que participaba del acto, como sucedió las veces anteriores.

Y en eso estuvimos por un buen rato en que lo único que se escuchaba eran nuestros jadeos mientras nuestros cuerpos se llenaban de transpiración. Ella acabó otras dos veces antes de que yo la inundara con mi semen. Y me desplomara encima de ella, completamente agotado.

Entonces me pidió que me fuera y que no volviera a hacerle eso nunca más. Pero en su mirada vi que sus deseos eran que volviera y la penetrara nuevamente y no la iba a defraudar.

¿Se le puede reprochar a ella haber sucumbido a los apetitos sexuales de su hijo, el que se aprovechó de su abstinencia obligada debido a su estado de viudez? Él se aprovechó de una mujer que de pronto dejó de tener sexo y a la cual el cuerpo le pedía ser satisfecha, sin tener a quien acudir para apagar el fuego interior.

La pregunta es ¿qué sucederá ahora?

Si, pues vienen sorpresas mayúsculas.

¿Qué te ha parecido el relato?