Mi madrastra era una mujer bellísima, bueno ahora es mayor y lo sigue siendo, por tanto, con 40 años, se podrán imaginar cómo era. De 1,70 de estatura, 55 Kg., delgada, morena, cabello largo liso, una autentica belleza. Lo que más me llamaba la atención de ella, eran quizás sus pechos, grandes y duros como piedras, también sus piernas y su culo, redondo, duro y un tanto respingón. Además, era una mujer guapísima, con grandes ojos azules, boca sensual, esa típica mujer que por muy discreta que vista siempre llama la atención al que pasa a su lado.
En aquellos años, vivíamos en un pueblo de la provincia de Badajoz, mi padre trabajaba en Francia, era uno de tantos que tenían que emigrar si querían mantener a su familia, pues en España al parecer no había trabajo ni tampoco dinero. Venía a casa 15 días en el mes de diciembre, el resto del año lo pasaba en Francia. Mi relación con ella era de lo más cordial, no como madrastra e hijo, sino más como dos buenos amigos, pero eso sí, manteniendo las distancias y sobre todo el respeto.
Después de perder a mi madre, mi padre se volvió a casar, mientras yo aún era un nene, asi que se puede decir que prácticamente era como mi mamá. Estaba acostumbrado a verla semidesnuda, algo que me excitaba sobremanera. Jamás perdía una ocasión, si la veía entrar en el baño, como sabía que no cerraba la puerta, procuraba entrar justo en el momento que se levantaba de la taza, para verla con la falda subida y poder ver sus nalgas, aun así, no lograba nunca verla totalmente desnuda.
Tenía la costumbre de ducharse dos veces diarias, cuando se levantaba y por la noche antes de irse a la cama. Yo hacía lo mismo, y para verla, procuraba salir del baño con las dos toallas, así cuando ella terminaba la ducha, si quería secarse no tenía más remedio que llamarme y pedirme una toalla, yo aprovechaba la ocasión y entraba en el baño para verla desnuda, pero lo máximo que veía eran sus pechos, su culo o sus piernas, jamás le había visto el pubis y menos aún su sexo.
Ella conocía mi obsesión por verla desnuda, y creo que en alguna ocasión se dejaba ver, quizás para saber cuál era mi reacción.
Que no era otra que entrar en el baño y masturbarme pensando en ella. Mi madrastra sabía lo mucho que me excitaba cuando la veía en el baño, prueba de ello es que en una ocasión me dijo.
Madrastra: Ya eres un hombre, sé muy bien que te gusta verme desnuda, pero eso no puede ser, porque te excita y acabas masturbándote, ¿o no es así?
La pregunta me tomó por sorpresa y no supe que contestar. Debí cambiar el color de mi cara, porque se aproximó y dándome un beso en la frente, me dijo.
Madrastra: ¿No confías en mí? venga no seas bobo, dímelo.
Recuerdo que aquel día tuvimos una charla interesante, yo reconocí que la espiaba cuando se duchaba o iba al baño, también que me masturbaba pensando en ella, etc. Ella por su parte admitió que yo era un hombrecito y reconoció que lo que hacía era normal, pero que debía hacerlo con mesura.
Todo cambio en el mismo año. En el mes de Julio, uno de mis familiares de Madrid tuvo un grave accidente y falleció. Mi madrastra y yo fuimos al sepelio. Lo hicimos en tren.
Cuando llegamos a casa de mis tíos en Madrid, nos encontramos a otros cuantos familiares en la casa. Por la tarde se celebró el sepelio y volvimos todos a casa de mis tíos a dormir, el problema es que no había habitaciones para todos. Mi madre se ofreció a dormir en una de las habitaciones pequeñas conmigo, pues no iba a permitir que durmiera con alguna de mis primas de edad similar a la mía. Además, solo sería una noche pues a la mañana siguiente volvíamos al pueblo.
A las once de la noche, cansados del día tan ajetreado, nos fuimos a la cama. Yo me quede en calzoncillos, ella se puso su camisón, apago la luz y se quitó el sujetador, acostándose a mi lado. Sentirla junto a mí me excitaba, y no podía hacer nada, mi verga estaba erecta y dura. No quería que ella se diese cuenta, me di la vuelta dándole la espalda. Ella me dijo, por favor no me des la espalda, anda, date la vuelta y mírame.
Estaba muy nervioso, pero la pija seguía dura. Ante su insistencia me di la vuelta, ella me rozo con su pierna y se dio cuenta de lo que estaba pasando.
Madrastra: ¿Que pasa, ya estas excitado otra vez? creí que el otro día había quedado claro, tienes que pensar, que soy como tu madre, no una mujer cualquiera, no puedes excitarte así. Venga, piensa en otra cosa e intenta dormir.
Para mí era imposible conciliar el sueño, solo con oler su cuerpo ya estaba excitado. Se dio la vuelta dándome la espalda con la intención de dormir. La cama no era muy grande y fue peor el remedio que la enfermedad, pues al sentir sus nalgas frías, me excite aún más. Ella lo noto, no dijo nada, simplemente apretó su culo contra mis piernas, sintiendo mi verga dura pegada a su culo.
Madrastra: Piensa en otra cosa, que te van a doler los testículos después, no seas tonto
.
Pero era imposible, en lo único que podía pensar era en ella, como la deseaba. Me moví dos o tres veces disimuladamente, rozando mi verga contra su culo, esperando que ella se cabrease, pero no dijo nada. Seguí con mi movimiento, como si estuviese haciéndole el amor, apretando la verga contra sus nalgas, pero ella siguió callada, sin decir nada. Por fin me decidí a abrazarla, sintiendo sus pechos y sobre todo sus pezones erectos y duros. Toque suavemente su pezón con la yema de mi dedo.
Madrastra: Por favor estate quieto, que yo también soy una persona y no soy de piedra, además, mira como estas – dijo al tiempo que con su mano izquierda tocaba mi verga. Duérmete, que van a pensar tus tíos si nos oyen. Dios mío, no me avergüences por favor.
Estuve rozándole el culo con mi pene bastante tiempo, ella no decía nada, pero yo si oía su respiración agitada. Era posible que la hubiese excitado. Claro que lo era, sus pezones estaban durísimos, y cuando retire la mano de su pecho, ella me la cogió y volvió a ponerla sobre él, haciendo que le tocase el pezón. Aquello me decidió, me aparté un poco de ella, introduje mi mano por detrás entre sus piernas. Ella al principio dio un ligero respingo, pero no dijo nada, es más, ante mi insistencia abrió ligeramente las piernas permitiendo que mi mano, a través de sus bragas se aproximase a la vagina. Tenía las bragas mojadas, estaba super excitada. Me retiro la mano de entre sus piernas, se dio la vuelta me dio un beso y me dijo:
Madrastra: Te prometo que si te estas quieto y te duermes cuando lleguemos a casa te compensare.
No sé como hice, pero esa noche me terminé durmiendo, a pesar de la excitación que tenía.
Al día siguiente llegamos al pueblo sobre las 8 de la tarde. La vecina nos recibió en la puerta, para entregarle unas cartas que había dejado el cartero para mi madre. La saludamos, y entramos en casa. Como era habitual, cenamos y yo pase a la ducha. Cuando terminé, fui a mi habitación y me puse un pantalón corto del pijama. Mi madre me precedió en la ducha. Ese día no intente verla, estaba avergonzado por lo que había sucedido la noche anterior. Estuvo más tiempo de lo habitual en el baño, por fin salió envuelta en una toalla y entro en su habitación. Yo me estiré en el sofá, en el comedor y me puse a leer unos cómics.
Cuando ella entro en el salón, no daba crédito a mis ojos. Allí estaba con un camisón transparente blanco muy cortito y un tanga del mismo color. Era increíble. No podía articular palabra. Me limite a mirarla. Mi pija estaba a punto de reventar. Ella me miro, se aproximó a mí y me dijo.
Madrastra: ¿No era esto lo que querías? Pues aquí me tienes. ¿Te gusto?
No sabía que decir, afirme con la cabeza sin apartar la mirada de sus pechos y su entrepierna. Se sentó junto a mí en el sofá y me abrazo, comenzó por besarme suavemente en los labios.
Madrastra: Tengo que enseñarte a besar, a ver si aprendes.
Al mismo tiempo que me besaba con su mano derecha cogió mi pene erecto y duro como una piedra.
Madrastra: Vamos a mi cama, estaremos más cómodos.
Una vez en la cama, me quito el pantalón del pijama dejando mi verga erecta al aire, no lo dudo un segundo, la acaricio con sus dedos, entreteniéndose especialmente en el glande.
Madrastra: Tienes una muy buena pija, incluso más grande y más dura que tu padre, el glande es enorme, te la voy a comer bien, pero ten cuidado de no correrte en mi boca, necesito tu leche en otro sitio.
Yo alucinaba, estaba a punto de reventar. Cuando apretó el glande con sus labios estuve a punto de correrme en su boca, pero ella lo impidió. Aquello era alucinante, me sentía en la gloria. Mientras ella se comía mi verga, le introduje mi mano entre sus piernas, intentando llegar con mis dedos a su vagina.
Ella se quitó las bragas, soltó mi verga y abrió sus piernas, al tiempo que me hacía subir acoplándome entre sus piernas. Tomó mi pija con su mano y la aproximo a su vagina, pasándose el glande por su clítoris que ya estaba muy abultado. Tenía una concha bonita, con poco bello y de color rubio. La piel de todo su cuerpo era muy suave y especialmente la de sus piernas.
Así permaneció un rato. Yo estaba excitado en extremo, deseaba meterle mi pija, pero ella no lo permitía, siguió masajeando su clítoris hasta que tuvo un orgasmo. Sentía como le corría su flujo por mi verga, estaba encharcada.
Madrastra: Cariño, mira como has puesto mi conchita de mojada. Ahora méteme tu pija, pero con suavidad, no me hagas daño.
Con su mano coloco mi glande en la entrada de su vagina, apreté suavemente. El estar tan lubricada permitió que el glande entrase con suavidad en aquella estrecha cavidad. Fui apretando lentamente hasta que tuvo toda la pija en su interior. Mis testículos tocaban su culo. Comencé a bombear en principio con suavidad. Ella gemía de placer, me besaba el cuello y la boca mordiendo mis labios y apretando mi espalda.
Madrastra: Así amor, así, muévete un poquito más rápido. Ahhh como me gusta. Me voy a correr. Siento tu cipote como llena mi vagina. Muévete por favor. Me corro.
El orgasmo fue inmediato. Los dos nos corrimos al mismo tiempo. Descargue toda mi leche en el interior de su vagina. Mientras me corría deje de moverme, pero ella cruzo sus piernas a mi espalda y apretó con fuerza su vagina contra mi pija, consiguiendo una penetración profunda.
– Para cariño para que me matas. Me haces daño con tu verga dura. Me siento llena. Además, te has corrido dentro de mí y eso es un peligro. Tienes que tener más cuidado y echar tu leche fuera.
Estuvimos abrazados toda la noche. Por la mañana antes de levantarnos, intente de nuevo penetrarla, pero dijo que no tenía ganas, además no estaba segura de lo que había pasado y tenía que pensar lo ocurrido.
Paso toda la mañana sin decirme nada. La ayude a hacer las compras en las tiendas del pueblo y volvimos a casa. Nada más entrar, cerró la puerta con llave desde el interior, fue al baño y salió con una camisa, sin bragas y sin sujetador. Se acerco y me dijo.
Madrastra: Vamos quítate esa ropa y ponte cómodo. ¿Te gusta cómo estoy?
Yo: Claro que sí, claro que me gustas, mira cómo se pone mi verga cuando te miro así desnuda.
Madrastra: Vale, pero ahora vamos a hacer la comida y luego nos vamos a la cama ¿de acuerdo?
Yo: Ok.
No veía el momento de llevarla a la cama, se me hacía interminable. Cada vez que se agachaba a tomar algo, veía sus glúteos por debajo de su camisa. Aquella situación me tenía a cien. En varias ocasiones introduje mi mano bajo la camisa y agarré su vagina. Ella no se molestaba, sino que se daba la vuelta y me besaba.
Cuando termino en la cocina la abrace por detrás y pegado a su espalda, la lleve a la habitación. La obligué a tenderse en la cama y comencé a besarle por todo el cuerpo. Ella estaba tan excitada como yo. Cuando llegue pasándole mi lengua a la altura de su ombligo, jadeaba y se movía, tal era su excitación. Separé sus piernas y comencé a comerme su vagina.
Madrastra: Déjame, vamos a hacer un 69 – me dijo.
Me di la vuelta y metí mi pija en su boca. Comí despacio con suavidad su rajita de color rosado, introduciendo mi lengua en ella. Al momento exploto, tuvo un orgasmo descomunal. Su flujo vaginal caía sobre mi lengua. Limpie bien su vagina haciéndola correrse por segunda vez. Me aparte y la abrace.
Madrastra: Déjame que te la chupe, quiero que te corras en mi boca, me voy a comer toda tu leche.
Yo: No, déjame, quiero correrme en tu culo.
Madrastra: Estas loco, ¿cómo vas a meterme ese pijón en el culo? es imposible, no entrara, y además me vas a hacer mucho daño.
Ante mi insistencia, y a base de pasar mis dedos por su vagina y su culo, accedió a que la penetrase por detrás. De la mesilla cogió un bote de crema, se dio con ella en el ano y a mí en el glande, mojándome bien con ella toda la pija. Se puso en la posición del perrito y separo sus nalgas mostrándome su agujerito de color marrón.
Madrastra: Ponme más crema en el culo, por favor y además suavízamelo un poco con tus dedos, sino no conseguirás meterme todo eso.
Estuve un rato introduciéndole un dedo con crema, unte un poco mi glande lo apoye en su agujero. Apreté un poquito pero no entraba, volví a repetirlo una, dos y hasta tres veces más, hasta que finalmente pude sentir como tímidamente su culo se abrió, y penetro un poco la punta, pero comenzó a quejarse que le dolía, por lo que lo retire y le puse más crema.
Así estuve bastante rato, hasta que conseguí introducir mi glande. Ella se quejó un bastante, pero yo me detuve hasta que el estrecho orificio se acostumbró a lo que tenía dentro. Con suavidad, paciencia y vaselina conseguí penetrarla, llegando a introducir mi verga entera. Ella gemía y se quejaba de dolor, pero cuando hube bombeado 8 o 10 veces su culo, los gritos de dolor cambiaron.
Madrastra: Así, así, cogeme duro, muy bien. Me gusta tu pija, siento mi culo lleno de ti, cógeme el culo, que me voy a correr.
Inmediatamente me corrí en su culo, llenándolo de leche, ella estiro sus piernas y me quede acoplado hasta que mi verga, debido a la flaccidez, salió del estrecho conducto de su culo, que en aquel momento había dejado de ser virgen (según me dijo ella después) y estaba bastante abierto.
Desde ese momento, mi madrastra y yo cogemos durante 11 meses y medio, y solo actuamos durante los 15 dias que mi padre viene a visitarnos.
Por supuesto que en esos 15 días, mi padre tiene sexo casi a diario con ella, pero una vez que él se va, ella vuelve a pedirme que la penetre con mi pija, dice que le gusta porque es mas grande que la de él, y también me dice que otra cosa que le gusta mucho, es que siempre estoy con la pija dura, y además que largo mucha leche, que ella se había olvidado lo que era sentirse llena de leche en todos sus orificios, y que gracias a mi no solo lo recordó, sino que ahora me pide todos los días más y más.
Fin