Capítulo 3
Capítulo 3: La Consumación
La mañana después de la tormenta llegó con una calma antinatural, un manto de silencio que parecía esforzarse por cubrir el rugido de confesiones que aún resonaba en nuestras cabezas. El aire, lavado por la lluvia torrencial, olía a tierra mojada, a ozono y a sal marina, pero dentro de la casa, la atmósfera seguía cargada, eléctrica, como si las palabras dichas la noche anterior hubieran ionizado el espacio entre nosotros, creando un campo de tensión sexual que se podía palpar con la lengua. Desayunamos en silencio, pero no era un silencio incómodo; era el silencio denso y pesado de quienes comparten un secreto demasiado grande, demasiado jugoso, para ser verbalizado en la luz cruda de la mañana. Las miradas, sin embargo, hablaban volúmenes, se cruzaban sobre la mermelada y el café como dagas de deseo. Esmeralda servía el café con una sonrisa tranquila, de dueña absoluta de la situación, pero sus ojos, cuando se posaban en Fernando, tenían un brillo nuevo, de posesión y promesa obscena. Fernando no podía mantener la mirada con nadie por más de dos segundos; sus ojos, inyectados de una mezcla de insomnio y excitación, bajaban a su plato, o recorrían el cuerpo de Silvia —que llevaba un camisón tan fino que se transparentaban sus pezones duros— o se clavaban, con avidez descarada, en los pechos de Carla, que esa mañana llevaba una bata de seda corta tan abierta que dejaba ver el valle completo de sus senos, la piel de su vientre y el comienzo del vello púbico. Silvia masticaba su tostada con una expresión de felina satisfacción, como si supiera que era solo cuestión de horas, de minutos quizá. Y yo, Samuel, observaba a mi familia, mi clan perverso, y sentía una excitación constante, un hormigueo insistente en la base de la espina dorsal que no cesaba, una erección semi-permanente que apenas lograba disimular bajo la bata.
Carla fue la primera en romper el hielo verbal, no con una frase inocente, sino con una declaración de intenciones. Dejó su taza con un clic suave y dijo, dirigiéndose al aire, pero con los ojos fijos en Esmeralda: —Hoy ha
Muestra tu apoyo a Facilitador Hotwife y sigue leyendo esta historia
Compra esta parte de la historia y ayuda a los escritores a ganar dinero con las historias que te gustan.
Inicia sesión para comprar este contenido.
Al comprar aceptas las condiciones de compra.